Hace apenas un par de años, el entusiasmo por la Inteligencia Artificial parecía no tener techo, luego de la llegada de las generativas. Sin embargo, al sentarnos a analizar el panorama actual de 2026, la realidad nos obliga a cambiar el lente de la euforia por el de pragmatismo de la adopción empresarial. Recientemente, tuve la oportunidad de profundizar en las reflexiones de dos de los pensadores más influyentes en esta área: Tom Davenport y Randy Bean. Sus predicciones para este año no solo son un "cable a tierra", sino una hoja de ruta para quienes lideramos organizaciones.
El aterrizaje de la burbuja y el peso del legado
Davenport y Bean coinciden en un punto crítico: la famosa "burbuja de la IA" ha comenzado a desinflarse. Pero cuidado, esto no es una señal de fracaso, sino de madurez. El 90% de las empresas Fortune 1000 son organizaciones Legacy. Como bien señalan los expertos, estas estructuras no cambian de la noche a la mañana; compiten entre sí en una carrera de fondo, no de velocidad. Al igual que sucedió con la llegada de internet, la transformación empresarial es un proceso orgánico. A menos que una crisis externa actúe como catalizador —como lo fue la pandemia en su momento—, el ritmo lo marca la capacidad de adaptación cultural, no solo la disponibilidad del software.
La promesa postergada de los Agentes
Uno de los puntos más reveladores de su conversación es el estado de la IA Agéntica (Agentic AI). Aunque la promesa de agentes autónomos reemplazando procesos complejos era el gran titular de 2025, el valor real sigue siendo esquivo. Entre las alucinaciones heredadas de los modelos fundacionales, los riesgos de ciberseguridad y los altos costos de supervisión humana, el "reemplazo" total se ha movido en el calendario. Davenport y Bean estiman que una adopción generalizada tardará otros cinco años. Estamos en la era del "Copiloto", no todavía en la del "Piloto Automático".
De la productividad individual al núcleo del negocio
Sin embargo, no todo es cautela. Este 2026 marca el punto de inflexión donde la IA Generativa deja de ser un juguete de productividad personal para convertirse en un recurso empresarial. Hasta ahora, los beneficios eran aislados: un correo mejor redactado o un código generado más rápido. El reto —y la gran oportunidad de este año— es integrar la GenAI en los flujos de trabajo Core. Esto requiere algo más difícil que comprar licencias: requiere rediseñar la forma en que trabajamos y las mentalidades “boomer” que aun están presentes en las grandes organizaciones.
La institucionalización del dato
A pesar de los retos estructurales, los números que manejan Davenport y Bean son contundentes: el 90% de las grandes empresas ya tienen un Chief Data Officer (CDO) y el 93% ha priorizado la inversión en IA. El liderazgo de los CDO’s ya no está en duda; lo que se debate hoy es la eficiencia de esa estructura. Aquí es donde surge el concepto que más me entusiasma: las "Fábricas de Datos". Estamos pasando de proyectos artesanales a sistemas escalables y reusables que permiten monetizar la información con una velocidad antes impensada.
Mis conclusiones: El año de la arquitectura, no del milagro
Tras analizar las posturas de Davenport y Bean, además de las significativas contribuciones de otros pensadores como Daron Acemoglu, mi conclusión es clara: 2026 no es el año de los milagros tecnológicos, sino el año de la arquitectura organizacional.
La IA no va a "salvar" a una empresa que tiene procesos analógicos o una cultura resistente al cambio. La verdadera ventaja competitiva hoy no reside en tener el modelo de lenguaje más potente, sino en tener la Fábrica de Datos más aceitada. El éxito este año se medirá por la capacidad de los líderes para pasar de la experimentación aislada a la integración sistémica.
La burbuja se desinfla, sí, pero lo que queda debajo es la infraestructura sólida sobre la cual construiremos la economía de la próxima década. Menos ruido, más cimientos.