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El suscriptor:
Jesús Huamán Mosqueira
Director Region Andina - IPcom Technologies y piloto DGAC
No trataré de explicar la sensación de volar, pues intentarlo desafía toda capacidad de descripción y, como la mía es limitada, sólo comentaré una alternativa para experimentarla.
Todos hemos soñado que volamos. Lenny Kravitz cantaba así el suyo: “I wish that I could fly, Into the sky, So very high, Just like a dragonfly. I’d fly above the trees, Over the seas in all degrees...”
Después de una dura semana de trabajo y camino a la playa, Mr. Kravitz podría detenerse en el kilómetro 48.9 de la Panamericana Sur en el Aeródromo Lib-Mandi, frente a la playa Santa María. Podría tomar un avión y volar con dirección al sur, y en su camino encontraría playas, acantilados, bahías, islas, desiertos, valles, lagunas, ríos y hasta un oasis. Como ven, superaría largamente sus expectativas.
Si quisiera regresar a tierra, podría hacerlo en Pisco y comer un buen pescado, o seguir de largo y aterrizar en el aeropuerto de Ica, echarle mano al buffet del hotel Las Dunas, que queda a unos metros, y luego seguir hasta el aeropuerto de Nasca, claro está, pasando antes por un lado de las líneas, porque sobre ellas no está permitido volar.
Sobre la necesidad de volar diría que, si luego de aprender a gatear, caminar y correr sienten que no es suficiente, entonces mi recomendacion es pasar por la escuela de pilotos Master of the Sky. Si siguen la instrucción, seguramente nos encontraremos algún tiempo después volando al sur; entonces, nos comunicaremos por radio según los procedimientos para luego despedirnos con un acostumbrado: ¡Buen Vuelo!
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