








Gravísimos han sido los sucesos de la semana pasada en Moquegua. Ponen de manifiesto la fragilidad del Estado de Derecho, el poder de los disolventes. La vigencia del chantaje. Pero, sobre todo, la ineptitud del gobierno para solucionar este tipo de problemas.
Es muy probable que ningún gobierno pudiera evitar los disturbios, como no fuera incurriendo en el más barato populismo y la más ramplona demagogia. Por tanto, no es que el gobierno tenga la culpa del disturbio en sí, como no era responsable del terremoto de Ica. Pero lo esperable, en ambos casos, era el despliegue de una capacidad de reacción al menos razonable. Y por cierto mucho más exigible es eso ante el disturbio por ser mucho más predecible.
¿Qué justifica la permanencia del ministro Luis Alva Castro en el gabinete? ¿Qué tendría que pasar –que no haya pasado ya– para que el presidente Alan García lo releve del cargo? ¿Escándalos de corrupción? ¿Pésimo manejo de crisis? Patrulleros y Moquegua constituyen simples alusiones que sugieren que son muy pocos los desaciertos pendientes en la gestión actual de la cartera del Interior.
Y, por cierto, tratándose de un ministerio tan difícil de administrar, más de uno ha caído por mucho menos, incluso en este gobierno (recuérdese el caso de Pilar Mazzetti, SE 1060). Incluso, en el gobierno de Toledo el Apra fue implacable para censurar a Fernando Rospigliosi aun cuando no quedaba claro si lo censuraban por exceso de mano dura o por lo contrario (SE 919). El gobierno sigue actuando, pues, bajo parámetros morales diferenciados para juzgar a sus correligionarios y a terceros (SE 1067).
Y esta sugerencia de renovar el liderazgo del Ministerio del Interior no tiene como propósito perjudicar al gobierno, sino todo lo contrario. En efecto, el régimen se fortalecería –al menos en el mediano plazo– si se lograra un manejo hábil de ese importante sector. Y con él, la institucionalidad y la democracia. El país mismo. Si el presidente García tiene ya suficientes problemas con mantener cierta ortodoxia económica, lo cual es impopular, ¿por qué insiste en mantener abierto el absurdo frente de una continuidad indefendible?
Parece claro que Alva Castro no le aporta popularidad. Tampoco es la única opción disponible para “cumplir” las legítimas exigencias de participación política de la militancia aprista. Hay apristas muy calificados. Sólo Agustín Mantilla podría ser peor en términos de imagen. ¿O es que se busca más bien desprestigiar al Apra, como sugieren algunos suspicaces? No lo creo, pues en el camino se están desprestigiando el gobierno, y el propio presidente.
Al empresariado le toca ser especialmente incisivo en esta materia, en vista de la importancia de la seguridad interior para la inversión. El buen manejo económico no justifica la complacencia en los demás rubros.
Este gobierno podría ser mucho mejor y merece, por cierto, un ministro del Interior más eficaz. El país también.

Gonzalo Zegarra Mulanovich
Director
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