









La suscriptora:
Margot Moscoso de Pinasco
Directora ejecutiva del Hotel Crowne Plaza
Lima
Todos los aficionados a la ópera hemos tenido un alto en la respiración al estar frente a una magnífica interpretación de La Donna è Mobile por Alfredo Krauss; o los nueve do en el Ah! mes amis, con nuestro Juan Diego Flórez; o el Nessun Dorma por Pavarotti; o la Marcha Triunfal, de Aída. ¡Y qué decir del sensual canto de la Callas en La Habanera, de Carmen!
La ópera tiene una magia que ha sabido cautivarme. Mi afición por ella empezó desde joven, quizá motivada por el interés de saber más sobre aquella mujer capaz de mover tantas pasiones, como fue la diva María Callas, tan controvertida y singular a la vez.
Para mí, la música es el lenguaje de los sentimientos que, fusionados a la palabra, logran transmitir grandes emociones y pasiones que nos conmueven y nos causan fascinantes sensaciones. Cuando tengo la oportunidad de viajar, no dejo de repasar la agenda cultural de la ciudad a la que voy, con especial interés en las óperas. Así, grandes sueños se me han vuelto realidad, como asistir al famoso Festival de Salzburgo y al Festival de Ópera de Munich; o poder vivir Aída en la Arena de Verona y en las Termas de Caracalla, con las que quedé paralizada de la emoción.
Son 400 años de vida de la ópera. Y dicho género continúa despertando una seductora pasión, como realmente lo ha hecho en mí.
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