







La semana pasada se dio a conocer que la de abril fue la inflación más baja en lo que va del año (0.15%). Desde luego, la caída inflacionaria difícilmente puede ser atribuida a las medidas que había tomado el BCR apenas algo más de una semana antes (o sea, sin anticipación suficiente como para que surtan efecto): la elevación de las tasas de interés de referencia y de encaje.
Como se recuerda, las medidas del BCR habían generado una discrepancia con el MEF, que argumentaba que nuestro crecimiento es lo suficientemente sano, incluso con índices de crecimiento de la demanda interna abultados (pero menores al crecimiento de la producción), como para no requerir ser “desacelerado”. Hoy el MEF ya pronostica que el crecimiento del segundo semestre del año será menor que el actual.
Sobre esto, el conductor del programa “Plaza Abierta” (Canal 11), Oscar Berckemeyer, me preguntó a boca de jarro la semana pasada: “¿quién crees que tiene razón, el BCR o el MEF?”. En mi opinión –y esa fue mi respuesta– el “sobrecalentamiento” frente al cual el BCR nos quiere “vacunar” (y que el MEF ve como improbable) depende en realidad de muchos factores que todavía son inciertos (como la magnitud y duración de la crisis norteamericana, entre otros). De ahí que la respuesta “ganadora” sólo podrá saberse con seguridad en el futuro, esto es, retrospectivamente. Curiosamente, los empresarios clientes del Servicio de Asesoría Empresarial (SAE) de APOYO Consultoría creen mayoritariamente que sí existe un riesgo de sobrecalentamiento futuro. Asimismo, están de acuerdo con las medidas adoptadas por el BCR, aunque un alto porcentaje no lo está con la magnitud de éstas. Digo curiosamente, porque al reflexionar sobre este asunto pensaba para mis adentros que, viendo las cosas desde una perspectiva más gerencial, puede entenderse el dilema tal como se evalúa la asunción de un riesgo empresarial con miras a maximizar una rentabilidad. Que los empresarios peruanos prefieran ser prudentes es –en general– una buena señal, porque sugiere que están pensando más en el largo plazo que en la quincena. Sin embargo, no todo riesgo es una temeridad. Y, dadas las características del actual desempeño de la economía peruana, la pregunta es si bastan como seguro los buenos fundamentos de ésta, o si es realmente indispensable inducir a que los entusiasmos se apacigüen. La necesidad política de neutralizar el estigma inflacionario del anterior gobierno aprista no deja de tener alguna incidencia en esto.
En cualquier caso, lo que nadie menciona es que la economía peruana ya está, estructuralmente, desacelerada. Al menos en términos de costo de oportunidad. Y es que el crecimiento sería mayor (y no por ello menos saludable) si el dinamismo empresarial no tuviera que enfrentar cotidianamente trabas tan intimidantes como los sobrecostos laborales, la burocracia estatal, la informalidad, la inseguridad, etcétera. Vale decir, todas aquellas cosas derivadas del mal funcionamiento del Estado que disuaden una mayor inversión, y todo el círculo virtuoso que de ella generaría.

Gonzalo Zegarra Mulanovich
Director
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