20 abril 2008

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¿CHILE O MEJOR ESPAÑA?

Edición SE1117 (20 abril 2008)

Cuando el gobierno actual se propuso la meta explícita de superar a Chile en indicadores económicos durante su mandato, sin duda ponía en práctica un hábil juego psicológico: encauzaba positivamente el revanchismo que todavía prolifera entre algunos compatriotas, y al mismo tiempo establecía como punto de referencia para el Perú el modelo de desarrollo capitalista del vecino sureño (tan admirado también por estos lares). Y es que nuestra actitud hacia Chile es ambivalente (SE 932): ansiamos su progreso, pero todavía recelamos la vieja agresión que nos infligió. 

Pero más allá del acierto político, ¿hay modelos o experiencias más compatibles para el Perú? Si bien geográficamente más lejana, España no deja de ser un referente interesante.

Por un lado, España es idiosincrásicamente más parecida al Perú que Chile: es un país mestizo (un verdadero melting pot de razas y culturas, incluyendo la herencia arábiga), con una historia milenaria, con una marcada reminiscencia por pasadas glorias (comparar el Imperio Español, potencia mundial del post-Renacimiento con la hegemonía del Tawantinsuyo en Sudamérica), con un temperamento desordenado, con una clase dirigente de modales cortesanos, etcétera. En todo eso el Perú se le parece. Y aunque todo eso podría parecer más desventajoso que bueno (en comparación con la aparente uniformidad chilena), lo cierto es que España ha salido adelante aprovechando el lado mejor de su temperamento, porque esos factores son también fuente de gran creatividad, originalidad y emprendedorismo, valores que la globalización premia por encima de lo convencional.

Pero hay más: el salto de España es mucho mayor que el de Chile. Hoy pertenece al primer mundo. Se podrá replicar que eso se explica porque está en Europa, pero no se olvide que hasta hace algunas décadas Europa –figurativamente hablando– “comenzaba en los Pirineos” (o sea, España estaba más cerca de África). El empeño de España por integrarse a Europa (con ayuda de ésta por cierto) debe inspirar al Perú para empeñarse (empecinarse incluso) en alcanzar estándares mucho más elevados.

Como España, el Perú tiene una arraigada tradición (mentalidad) estatista, que Chile nunca tuvo (más allá del coyuntural comunismo de Allende). Hay que tomar como ejemplo la hazaña española de haber alcanzado el desarrollo con libertad económica y política (y grandes índices de tolerancia) a pesar del estatismo. Eso sí: en ningún caso hay que tomar de España el modelo de Estado de Bienestar que rige sus políticas públicas y sociales porque es insostenible (más allá que acá, pues su población envejece y no se reproduce).

Tanto España como Chile han superado su pasado dictatorial y logrado un sano bipartidismo. A ambos, también, lo anterior les ha traído la marcada polarización de su política. Pero al menos en España hubo ya alternancia en el poder (si bien es cierto que ha transcurrido más tiempo); en Chile, la izquierda es hegemónica desde la recuperación de la democracia, aunque el actual gobierno casi garantiza que eso cambiará pronto.




Gonzalo Zegarra Mulanovich
Director
APOYO Publicaciones

 

 

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